¿Sirve la hipnosis para dejar de fumar?

Había un sola condición para afrontar la experiencia-probador. Que realmente deseara abandonar el cigarrillo. La invitación era para realizar una sesión de hipnosis para dejar de fumar. Y entre la mezcla de curiosidad y el descreimiento me enganché rápidamente con la propuesta.

Va un breve resumen de mi relación con el cigarrillo. Empecé a fumar cuando terminé el secundario (hace ya mil años). Tuve algunas interrupciones, la más larga unos nueve meses y siempre por voluntad propia. En una ciudad donde cada vez se hace más difícil fumar, siempre me las rebusqué para encontrar mi lugar. Pero es cierto que entre mis amigos muchos ya habían dejado. Y que en el trabajo se nota cuando uno se queda sin puchos y ya quedan pocos viciosos para manguearle uno. Además subía dos pisos por escalera y me agitaba y mi médica clínica que además es gerontóloga se espantaba cada vez que le decía que seguía fumando y me bombardeaba a estudios.

Ante la acumulación de evidencia, efectivamente quería dejar de fumar. Pero una cosa es decirlo y otra, mucho más complicada, hacerlo.

El encuentro con Javier Bicoff (de aquí en más mi hipnoterapeuta) fue hace como un mes. El consultorio es un departamento que huele a incienso, donde suena música relajante y donde Javier cuenta un poco de qué se trata. “La hipnosis acorta caminos porque permite entrar en contacto directo con el inconsciente. Este tipo de terapia facilita el cambio. Pero el cambio siempre depende de uno”, remarca. Y “uno” en este caso era yo.

Y así me descubro acostado en un sillón, relajado, con mi consciente pensando en qué voy a hacer en el diario dentro de un rato y mi inconsciente absorbiendo lo que Javier le dice. ¿Señales? Un brazo extendido en alto durante largo rato (como diría Bonadeo hay foto y video pero guardado en caja fuerte). Y empiezo a entender que en esa disputa entre el consciente y el inconsciente está la llave de todo este asunto.

Javier me explica una vez que vuelvo del trance (siempre consciente, vale aclarar. “Durante la hipnosis no se hace nada que que no haría con naturalidad”, cuenta Javier) que los cambios pueden ser graduales. Mi ilusión de convertirme de manera exprés en un ex fumador se diluye. A tal punto que salgo del edificio y lo primero que hago es prender un pucho.

Pero quedo en volver a la semana. Y se repite la escena del brazo extendido y, según palabras de Javier, se complementa con una terapia más a fondo poniendo en su comunicación directa con el inconsciente palabras duras de lo que el cigarrillo está haciendo con mi vida.

Y de verdad comienzo a sentir algunos cambios. Que podrían ser imperceptibles pero la terapia de Javier se extiende al WhatsApp y casi a diario dispara preguntas y analiza respuestas (y aclara que es así con todos sus pacientes).

Entonces le cuento que tras la última sesión me detengo un segundo antes de prender cada cigarrillo y me doy cuenta de que la mitad o más de los que fumo por día son como automáticos, ni me doy cuenta de que los fumo. Y él se entusiasma con las “diferentes perspectivas” que -explica- mi inconsciente está sacando a la luz. Y estima con optimismo que estoy cerca de de dejar de fumar.

 

La tercera sesión -augura- será la última. Esta vez no hay brazo en alto sino una sonrisa y hasta carcajada que brota sola (acostado y con lo ojos cerrados). Algo así como el triunfo definitivo del inconsciente porque mi consciente decía no tengo porqué reírme. Que se entienda bien: ni hubo chiste ni cosquillas. Fue una sonrisa que vino del estómago.

Lo que sigue es el final de la historia. A esa sesión fue la primera a la que había ido sin cigarrillos. Y a la hora de comprar pasé del atado de 20 a un paquete de diez. Que duró un día. Y al que le siguió otro paquete de 10, que duró dos días. Y que se terminó con la última pitada un miércoles a la noche. Y que por primera vez en mucho tiempo pensé que definitivamente podía ser la última.

Y así fue. Llevo 10 días sin fumar y sin la locura por hacerlo que imaginaba antes del proceso. Javier me remarca (para que quede bien claro) que la decisión de no fumar más fue mía. Que “la hipnosis no manipula sino que ayuda a usar la mente”. Que “no hay magia” y que la hipnoterapia que él práctica con pasión se trata del “arte de hacerte preguntas y el arte de decidir”.

Desde mi último cigarrillo he superado pruebas como compartir reuniones con gente fumando en la misma mesa. Y no me dieron ganas. Eso sí, estoy comiendo un poco más… Se lo cuento a Javier. Y me invita a una sesión para controlar la ansiedad. ¿Continuará?

Datos básicos

El licenciado Javier Bicoff hace hipnoterapia. Se lo puede consultar al teléfono 11-2654-6844. Su web es www.javier-bicoff-hipnoterapia.com. En Facebook Javier Bicoff Hipnosis. En Twitter: @JBHipnosis.

 

 

Fuente: Clarin

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