El hombre que manejó la obra pública pero se hizo famoso por los bolsos del convento

Durante 12 años fue uno de los hombres más poderosos del kirchnerismo. Su revoleo de bolsos fue la primera muestra obscena de la corrupción.

Ya nada podría volver a ser igual tras esa madrugada de locura en la que José López quedó registrado revoleando los bolsos para ingresarlos en el convento de General Rodríguez; apoyando una arma de grueso calibre en la pared para pedirle ayuda a las monjas

Hasta aquel 14 de junio, en el que en un rato le contabilizaron 9 millones de dólares trasladados ilegalmente, era para muchos un tal José López y para otros el poderosos José López, secretario de Obras Públicas durante los 12 años del kirchnerismo y además mano derecha de del más poderoso aún ministro de Planificación Julio De Vido.

Había nacido en 1960 en Tucumán donde despuntaba un vicio que mantendría toda la vida: la pesca. Estudió para ingeniero y una vez recibido se mudó a Santa Cruz donde descubriría la política de la mano de un joven Néstor Kirchner. En 1991 y durante tres años fue vocal del directorio de la Administración General de Vialidad Provincial de Santa Cruz.

De 1992 a 1993 representó al mismo distrito ante el Consejo Interprovincial de Ministros de Obras Públicas. Y luego -entre 1994 y 2003- se convirtió en presidente del directorio del Instituto de Desarrollo Urbano y Vivienda de Santa Cruz.

Néstor Kirchner se lo llevó a Buenos Aires al iniciar su mandato presidencia. Lo colocó bajo el ala de Julio De Vido para que el arquitecto no ostentara todo el poder. Los mismo hizo con Ricardo Jaime. 14 años después, los tres terminarían presos.

Pero antes recibió un favor de esos de que el kirchnerismo lejos del poder reservó para pocos, un cargo político. Fue elegido diputado del Parlasur por el Frente para la Victoria. A diferencia de otros, no lo alcanzarían los fueron para evitar terminar en prisión.

López tuvo una enorme influencia en el manejo de la obra pública durante toda la era kirchnerista y era uno de los tantos ex funcionarios del gobierno anterior que estaban bajo sospecha de enriquecimiento ilícito. A muchos porque no le cerraban los números de sus declaraciones juradas. A López porque no tuvo mejor idea que revolear los bolsos que terminaron siendo la primera prueba evidente de la corrupción K.

Otra son los cuadernos del chofer Centeno. López, quien durante 12 años fue año y señor de la obra pública en el país tenía que estar mencionado. Y ya no sirvió sus desvarios para tratar de de ser declarado inimputable. Ni la excusa de que vida corría riesgo si decía de qué personas de la política provenía la plata.

Un 17 de agosto decidió hablar y contar. Y como aquella madrugada del convento para José López ya nada fue igual.

Fuente Clarin

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